MI DESEO DE VIVIR LA MATERNIDAD CRECÍA, ACOMPAÑANDO A FUTURAS MAMÁS

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Nunca me imaginé realizando este trabajo, la verdad. Cuando en 2008 me matriculé en el Máster de Fisioterapia en Pelviperineología (si logras pronunciarlo a la primera, me quito el sombrero), en realidad no tenía especial ilusión por trabajar directamente en lo relativo a la maternidad.

A mí el embarazo me parecía un hecho alucinante, sí, pero no desde lo profesional, sino como vivencia personal. Supongo que el momento de vida de cada uno, marca ciertos intereses ….y a mis 28 años, la maternidad aún se me antojaba un tanto lejana….

Yo estaba en otra etapa. Me sentía muy libre por aquél entonces y me divertía explorando mi sexualidad. (Total, hasta que llegase mi príncipe azul…¿por qué no pasármelo bien?). Esas vivencias, algunas geniales y otras un poco menos, aparte de enseñarme, me hacían observar ciertas necesidades y, quizá por eso, me llamaba la atención el mundillo de las patologías sexuales del suelo pélvico.

Maternidad y sexualidad

Tenía la sensación de que había muchos tabúes en la sociedad en este sentido, y que se daba por hecho que todo el mundo disfrutaba de un sexo satisfactorio sin ningún problema. Sin embargo, conocí muchas personas y no todas lo disfrutaban a tope precisamente. Incluso en reuniones de amigas, con unas copitas de desinhibición, afloraban todo tipo de vergüenzas, inseguridades, molestias, etc… En definitiva, me apetecía aportar mi granito de arena como fisio a todas aquellas personas que lo necesitasen en ese sentido. (La fisiosexualidad como especialidad existe, te lo prometo)

Mi manera de ser, de mente abierta, y capaz de entablar conversaciones sin pelos en la lengua, pero con respeto, normalidad y sin juicio creo que eran un plus para que se me diesen bien esos tratamientos. Resumiendo, lo que yo quería de verdad era AYUDAR.

Ay, amiga…si lo que quieres es ayudar, acércate a una mujer embarazada y verás

¡Y es que maternidad y sexualidad van tan de la mano! En el concepto, en la energía, y en las influencias sociales aprendidas.

La realidad laboral se encargó de decidir.

Apenas nadie consultaba por un problema sexual y, si lo hacía, era alguna mujer que lo relacionaba con la episiotomía que le practicaron en su parto. Sin embargo, su consulta principal no solía ser ésa, sino que quizá ya no aguantaban la orina como antes, o sentían esa zona muy “caída”…

Estaba claro que el enfoque de mi trabajo empezaba a orientarse cada vez más a las vivencias de parto.

Pero el punto de inflexión llegó con un gran acontecimiento. Tres embarazos muy cercanos: mi cuñada, la recepcionista de mi clínica y la vecina de la guardería de al lado.

Yo estaba felíz porque iba a ser tía, y encima tenía la oportunidad de conocer paso a paso el desarrollo de mi futuro sobrino. Mis ganas de aportar lo que había estudiado para que todo fuese bien para ellas, mis amigas, y sus bebés, hacían que leyese todo lo que pillaba para solucionar sus dudas y poder ofrecerles mi mejor versión profesional.

Fue un lujo para mí preguntar con libertad de novata cada detalle de lo que sentían, observar casi día a día cómo cambiaban sus preciosas barrigas, grabar y fotografiar cada cosa que me llamaba la atención, de su cuerpo, de su respiración, de movimientos nuevos para mi…

Fue así cómo, gracias a la llegada al mundo de Mario, Adriana y Alonso, nació en mí la curiosidad y el amor por la Fisioterapia Obstétrica.

Al principio fui una esponja que absorbía cada nueva sensación.

Nos reuníamos para hacer ejercicios específicos para ellas, y mientras la Estela profesional daba instrucciones y corregía el movimiento, la Estela personal desplegaba todos sus sentidos, ansiosa por empaparse de todo lo físico y emocional que sucedía en ellas.

Observé que cuando estaban juntas, eran libres de hablar sin límite sobre todo lo relacionado con su gestación, maternidad… y su sexualidad… (ya te dije que iban de la mano)

Y a mi me encantaba escucharlas….como aún me sigue pasando

Poco a poco fueron viniendo cada vez más chicas embarazadas a las clases y, sin darme cuenta, en unos meses ya conocía casi como si lo hubiese vivido en mi propio cuerpo, la infinidad de sensaciones físicas posibles en cada mes, las advertencias médicas en cada etapa, las consultas y analíticas necesarias… Y además, la cantidad de emociones a las que se enfrentaban: amor, miedo, preocupación, alegría, tristeza, incertidumbre… y, aunque por supuesto cada mujer lo vive a su manera, hay patrones que se repetían una y otra vez.

Las horas de trabajo corporal con ellas se alargaban con estas charlas de desahogo compartido, y yo no tenía ninguna prisa por irme a casa. Me gustaba quedarme con ellas, como una más. Y dentro de lo que mi psicología innata me permitía, intentaba dar mi punto de vista desde el cariño, la información profesional, y desde la empatía y el amor.

Disfrutaba sus embarazos como si fuesen míos. Pero tranquila, no me estaba volviendo loca. Mi manera de disfrutarlos no era desde la envidia, sino desde la admiración, uno de los sentimientos más bonitos que creo que existen.

¡¡¡Admiraba a la mujer embarazada!!! ¿Podía existir algo más inmenso?

¡Sin contar las inmensas y MARAVILLOSAS dimensiones, por supuesto!

Una mujer embarazada, aunque a veces ni lo sepa, es fuerte, es valiente, es una energía multiplicada, es pura entrega para permitir una nueva creación dentro de ella.

Esa admiración me llevaba a ofrecer todo lo que sabía para aportarles lo que más intuía que necesitaban: la certeza de estar haciendo las cosas bien.

Alimentaba su autoestimaba, su fortaleza como mujeres, como futuras madres, les explicaba la anatomía y les ofrecía mi punto de vista más natural del embarazo y del parto, para que así disminuyesen sus miedos e inseguridades.

Inconscientemente, les hablaba como me gustaría que me estuviesen hablando a mi, como me gustaría que me cuidasen. Porque cada vez me sentía más identificada con ellas y deseaba, algún día, ser yo la “alumna” que estuviese viviendo aquella etapa tan especial…

Aún a día de hoy lloro cuando pongo la canción de Kesia y la escuchamos en silencio al terminar la clase… O cuando les enseño el vídeo de una chica que grita de alegría y ríe a carcajadas, mientras ve salir a su bebé, observándolo por un espejo, después de mucho esfuerzo en el trabajo de parto.

Y cuando tengo una clase de preparación al parto con las parejas, tengo que medir bien mis palabras si no quiero ponerme a llorar delante de todos al hablarles de lo importante que es que se cuiden el uno al otro, con amor, con escucha, con comprensión, con trabajo en equipo…

No se si mis lágrimas son empatía, o puro deseo de vivir así la maternidad. (Creo que esta reflexión no me había llegado nunca… Gracias, blog)

GRACIAS

No se si seré una buena madre, como todas nos preguntamos. No se si mi embarazo será bueno o no (lo de bueno es muy relativo). Lo que sí se es que todo lo que mis chicas me han enseñado en estos 10 años, aparte de hacerme mejor profesional, hoy me aporta una tranquilidad y seguridad tremendas para vivir ahora mi embarazo en solitario, pero con confianza, y ¡FELIZ!

Gracias a todas y cada una de las chicas que me han permitido acompañarlas durante su gestación y parto. Así como a las matronas y ginecólogas con las que pude compartir dudas y aprendizajes …desde el 2008 hasta hoy… ¡¡DE CORAZÓN…GRACIAS!!

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Ana

    Estela, gracias por seguir compartiendo tu historia y por esas palabras de respeto y admiración hacia las mujeres embarazadas. ¡Estamos llenas de la energía de la creación!

    1. Un placer, Ana!! Somos capaces de todo en la vida…..hemos sido capaces ya de hacer lo más grande … crear una vida nueva
      !!!

  2. Elena

    Una maravilla de post, divertido, emocionante, auténtico, valiente.

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