Mamá soltera: ¿cómo lo hago?

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Este post va especialmente dedicado a todas aquellas chicas que hayáis vivido o estéis viviendo la experiencia de decidir ser mamá soltera: métodos, dudas y miedos.

Estaba claro que las posibilidades de ser madre en pareja se habían reducido a prácticamente cero. Mi instinto podía seguir esperando, pero mi reloj biológico, no. Dura realidad, pero qué le vamos a hacer. Amo la naturaleza para lo bueno y para lo malo…

Ya tenía 38 años, camino de 39 (suena peor jajaja). Que sí, que aún podía aparecer mi príncipe azul de repente, y enseguida descubrir que queríamos engendrar un hijo juntos, fruto de nuestro amor, bla, bla, bla… ¡¡Sí!! Por poder…

Pero no iba a dar la oportunidad al destino de demostrármelo. Y, por supuesto, no quería caer en la “psicosis” de buscar, ya no una pareja, sino un padre para tener un hijo. Considero que es un gran error. El enfoque está cambiado y los roles tergiversados. Afortunadamente, la sociedad evoluciona y cada vez está más normalizado el ser mamá soltera. Pero no es una opción que te presenten cuando eres niña. Una niña quiere encontrar al amor de su vida y, en caso de querer ser madre (no todas quieren y chapeau por reconocerlo), serlo junto a su pareja.

Yo, como prácticamente todas, quería eso. El peligro de esto es que tu cerebro no concibe otra idea, y si quieres un hijo, parece que necesitas sí o sí un padre para él/ella. ¡Pues no!

Claro que la faceta de buen padre puede despertar en nosotras amor, incluso una excitación sexual brutal. Pero de ahí a basar la relación en esa cualidad… ¡aaaah, no!

Yo no voy a esperar más. Tendré un hij@. Seré mamá soltera. Y si después el destino me regala una pareja, fenomenal. Es perfectamente compatible y puede que hasta práctico.

Palabras de autoconsuelo tengo un montón…jajaja


Pero… ¿Cómo lograrlo? Nada me convencía del todo. A todas las opciones posibles les encontraba un “pero”.

Analicemos:

Posibles opciones para ser mamá soltera:

  • Tener sexo con un amigo que tampoco tenga pareja, y que desee ser padre…mmm… Habría algún candidato, peeeeero… ¿En serio me veo llegando a acuerdos similares a una custodia compartida con alguien a quien nunca ni siquiera amé?
    ¡¡Descartado!!
  • Lanzarme a la aventura en mis días fértiles , buscar al chico más tremendo del garito, o de la biblioteca, o del restaurante, qué más da… ¿Dejarse llevar, cerrar los ojos y cruzar los dedos para que sea lo que Dios quiera? Lo que Dios quiera puede ser tener un bebé o acabar con una ETS, o con una genética heredada de vete tú a saber qué reflejada en mi retoño.
    ¡¡Descartado!!
  • Sumarme a las páginas de partenidad compartida donde la gente se anuncia como donante, como receptor o como buscador de co-partenidad. Esto me dejó alucinada cuando lo encontré. Es como una página de contactos, parecida a las que tienen como objetivo ligarte a un tío una noche, o buscar al amor de tu vida mostrando tu currículum y tus mejores fotos.
    Pues ¡¡me inscribí!! No tenía nada que perder, excepto una pequeña cantidad económica que te cuesta entrar, pero me permitía acercarme a otra alternativa, y explorar las sensaciones que eso provocaba en mí. Lo cierto es que conocí gente muy interesante, pero volví a sentir esa desconfianza de lo desconocido e inseguro.
    ¡¡Descartado!!
  • Encontrar a alguien que haya formado parte de mi vida en algún momento y que esté encantado de “regalarme” la maternidad, renunciando después a su parte correspondiente. Sólo permitiendo reconocerlo y que su hijo lo pueda saber. Tenía alguien en mente, con una genética física e intelectual maravillosa, que seguro que estaba dispuesto.
    Una idea muy tentadora, aunque complicada, lo sé, pero.. ¿por qué no confiar en las personas, en el poder de la conversación y la coherencia para llegar a acuerdos? Difícil, si, pero posible…no lo descartaba…aún.
  • La última opción. Tener un «niño probeta». No me lo podía quitar de la cabeza. La gente de mi entorno me intentaba explicar que era lo mejor, lo menos comprometido, lo más seguro. y sí, mi cerebro racional lo comprendía e intentaba repetírmelo una y otra vez. Pero mis “tripas” y mi corazón me decían otra cosa, y yo seguía sin ver la luz en todo aquello.


Al problema, soluciones: TERAPIA PARA RESOLVER CONFLICTOS

Pedí cita con una psicóloga.

Cuéntame por qué vienes a la consulta, me dijo:

Necesito estar convencida de lo que voy a hacer: entre mis dos opciones, no quiero equivocarme o, peor aún, llegar a arrepentirme. Lo que voy a hacer será para toda la vida.

La terapia funcionó, y en sólo tres sesiones tomé la decisión.

Ganó la inseminación

Fue un triunfo por descarte, no por méritos propios, pero igualmente válido a mi entender.

Tanteando el terreno, descarté al amante genéticamente perfecto que nunca pediría su parte como padre. Y descubrí que, quieras o no quieras, tener un bebé con alguien que además lo reconoce, te vincula. Y ahí estaba el problema. El “no vínculo” con el bebé lo puedes conseguir, pero el vínculo contigo se crea con toda seguridad. Y yo no quería eso. Yo buscaba quedarme embarazada y punto.

Qué pereza pensar en conversaciones telefónicas, en visitas, en límites, en apellidos tuyos o míos (yo lo veía muy claro, pero era la única)… Tantear el terreno me hizo ver que era muy arriesgado. A mi no me da miedo el riesgo, pero en este caso vi claramente un riesgo innnecesario. Así que, por fín, con seguridad, pude poner también en mi lista de opciones:
¡¡Descartado!!

Aún mis reticencias sentimentales hacia el tratamiento médico no habían desaparecido, pero sí se habían atenuado lo suficiente como para que ganase la batalla pensar que:

  • Es un método seguro, sin herencias de salud problemáticas (los exámenes que hacen a los donantes son bastante exhaustivos)
  • Me otorga libertad plena, algo que me define bastante
  • Me posiciona frente al mundo en total independencia: mi bebé y yo.

¡¡DECIDIDO!! ¡¡Ahora sí!! Estoy convencida, ¡¡estoy segura!! ¡Voy a ser madre! (ojalá todo salga bien). Seré mamá soltera gracias a un donante que imagino maravilloso, estupendo, inteligente, atractivo, y un largo etc de cualidades únicas…jajjaja… Y así cambié preocupación por ilusión, y hasta diversión al dar rienda suelta a mi imaginación.

mamá soltera Mammayfisio Estela

No quiero acabar este post sin decirte que esta seguridad se tambaleó a menudo a lo largo del tiempo que duró el tratamiento. No fue fácil cuando volvían a surgir los fantasmas de las dudas, pero volvía a mis recuerdos, mis conclusiones escritas en mis diarios, y seguía adelante.

Si alguna de vosotras está pensando en ser mamá soltera y siente esa inseguridad y esos miedos de “¿y de dónde vendrá?», quiero deciros que cuando supe que estaba embarazada desapareció por completo la influencia sobre mi de esa “otra parte”.

Mi bebé es mío, y así lo siento cien por cien. Me da igual no conocer al padre. Lo único que me sale es dar las gracias a esa persona que ha permitido que lo consiga. Fuera miedos, fuera dudas.

Si tu caso es similar… Te animo a que continúes y confíes.

Aférrate al hecho de que el método no es lo importante.

LO IMPORTANTE ES TU BEBÉ

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