¿SUELO PÉLVICO Y ABDOMEN MUY FUERTES?… OH OH…

¿SUELO PÉLVICO Y ABDOMEN MUY FUERTES?… OH OH…
No todo son ejercicios de Kegel y bolas chinas

Cuando hablamos de suelo pélvico, parece que casi siempre le acompañan palabras como «debil», «fortalecer», «incontinencia»… Pero no todo son Ejercicios de Kegel y bolas chinas. Hay situaciones en las que el suelo pélvico ya está fuerte y hay que aprender también a relajarlo, a dejar que se adapte y ceda, a que sea flexible. Como en el caso del embarazo.

Te cuento.

Empezaban mis primeras semanas de embarazo, después de la confirmación de la primera eco.

Enseguida comencé a notar pequeños cambios en mi zona abdominal y el suelo pélvico se hizo notar.

Mi ginecóloga me había dicho que si notaba molestias abdominales al principio era normal por el desarrollo uterino y que, en tal caso, me tomase un paracetamol.

A mi me pareció un poco “too much”, la verdad. ¿En serio me iba a molestar/doler tanto como para tener que medicarme?

Molestias abdominales en el primer trimestre de embarazo
Mammayfisio.com

Prefiero pensar que si un proceso es natural y puedes sobrellevarlo, es mejor dejar al cuerpo que haga lo que tenga que hacer, y si eso conlleva ciertas sensaciones, decido abrazarlas y vivirlas.

Te adelanto que ésa es mi manera de interpretar también el parto.

No se si fue suerte o que estaba mentalizada, pero mis sensaciones abdominales eran muy normales para lo que estaba pasando dentro de él. Sí, se me ponía la tripa más tensa al final del día y si me pasaba de actividad, esa tensión era bastante molesta. Pero sencillamente lo interpretaba como que era el momento de parar, adoptar una posición donde el abdomen pudiese relajarse, respirar y esperar a que se pasase esa sensación.

Cuando sientas tensa la zona abdominal o pélvica, es momento de parar

Puedes estar pensando: ¿y en qué posición se relaja más el abdomen? Pues, desde luego, estando de pie, no.

Te cuento un poquito cómo funciona la musculatura de nuestro cuerpo:

Cuando estamos en posición de pie, lo que técnicamente llamamos bipedestación, se activan de manera refleja los músculos posturales (parte de los músculos del abdomen son algunos de ellos).

Esto quiere decir que, aunque nosotros no hagamos nada voluntariamente con nuestros músculos, los que se encargan de mantener nuestro esqueleto en una posición estable y erguida, empiezan a trabajar contrayéndose lentamente. No se contraen a tope, haciendo mucha fuerza ¡¡qué va, qué va!! Lo hacen en su justa medida, para poder sostenerlo durante mucho tiempo.

Esto es así en condiciones normales, aunque también depende de la persona, de si estos músculos están muy “dormidos ó débiles” o muy “despiertos y fuertes”.

Pues… ¡imagina cómo están los míos!

Otras partes de mi cuerpo debería fortalecerlas más, sin duda, pero el abdomen…

Ya no sólo porque tengo un montón de clases a la semana de posparto, en las que lo trabajamos en relación al suelo pélvico y a la postura (¡¡venga a llevar el abdomen para dentro y arriba!!) sino porque una musculatura abdominal sana se contrae ante determinados esfuerzos y ejercicios, y como a mi me gusta tanto el deporte, con cada cosa que hago, mi abdomen se activa constantemente.

En definitiva, que mi tripita está demasiado entrenada y eso no siempre es bueno. Ahora que necesita estirarse un poco, le cuesta más y se sobrecarga en algunas ocasiones a lo largo del día. ¡¡Pero no pasa nada!! No hay cosa mejor que saber escucharse.

¿Qué hacer en estos momentos?

Te lo cuento por si te sirve de ayuda:

  • Stop postura donde se activa. Elige una postura donde el abdomen esté más blandito: sentada, tumbada con las rodillas flexionadas, de lado, o en una posición a gatas.
  • Comienza a respirar tranquila, intentando que el aire de tu respiración mueva suavemente tu abdomen, en un movimiento de llenado y vaciado no forzado. Así los tejidos se estirarán y se relajarán mejor.
  • Dale a tu cuerpo el descanso que necesita en ese momento, normalízalo, y mañana será otro día.

Digo esto porque a veces pensamos que podemos con todo. Soy la primera que intento no dejar de hacer nada pensando que estoy perfectamente. ¡Claro que sí! ¡Perfectamente embarazada!

Y como ya he dicho alguna vez, nuestro cuerpo vive una situación especial, con unos cambios especiales. Eso no significa que sea bueno hacer reposo de manera sistemática, pero sí que hay que respetar las señales que nos da de vez en cuando. Y si aquí y ahora, siento que voy forzada o molesta, paro, me relajo… y ¡¡fuera paracetamol!!!

Suelo pélvico flexible

A mi abdomen le tenía controlado, pero mi suelo pélvico empezó a pillarme desprevenida en todo este asunto de la adaptación de los tejidos. No se si ya lo sabes porque tu fisio de confianza te lo ha explicado, o lo has leído en algún sitio, pero el abdomen y el suelo pélvico están relacionados.

Por si no lo has oído nunca, te cuento un poquito:

Los músculos abdominales y los del suelo pélvico son como una pareja de baile, que trabajan compenetrados para todas las funciones que desempeñan. Lo que le pase a uno, suele repercutir en el otro.

En mi caso, al igual que mi abdomen se contraía en exceso por la presión interna y la actividad, a mi suelo pélvico le pasaba algo parecido.

Empezaron a aparecer sensaciones en mi zona pélvica que me resultaban muy nuevas, y éstas requirieron un poquito más de atención …

De repente, sin avisar, me daban pinchazos en la ingle, alrededor de la vagina, del ano, en un lado, en el otro, más interno, más externo… Algunos de esos pinchazos se repetían más frecuentemente, sobre todo cuando caminaba durante largo rato y a buen ritmo.

A cada sensación le ponía un nombre: espasmo del elevador del ano, tensión del obturador interno, del bulbocavernoso, adaptación de los ligamentos uterinos… (qué nombres más raros los del suelo pélvico, ¿verdad?)

Todo estaba cambiando dentro de mi abdomen y de mi pelvis. Mi útero estaba empezando a crecer, muy poquito todavía, pero ya no era el mismo. Mis hormonas también estaban comportándose de manera diferente, y mis músculos, fascias, ligamentos de mi suelo pélvico empezaban a adaptarse.

Hubo una sensación que me llamó especialmente la atención y que no me gustaba nada: un dolor nervioso alrededor de mi isquión izquierdo.

Y dirás: ¿y qué es un isquión?

Los isquiones son dos abultamientos óseos que puedes encontrar en tus nalgas si te sientas sobre tu mano. Tenemos dos, uno a cada lado, formando parte de la pelvis y delimitando en parte el territorio del suelo pélvico.
Espero que lo estés palpando ahora mismo, conforme lo estás leyendo, porque puede ayudarte a reconocer tu periné y tu suelo pélvico.

Ese dolorcito que tan poco me gustaba lo asociaba a un nervio, bastante famoso en nuestros tratamientos en consulta, y por experiencia sabía que era muy desagradable la sensación que provocaba.

Soy un poquito rara a veces y, aunque no era agradable sentirlo, me alegraba tener la oportunidad de conocer un poquito mejor lo que sentían mis pacientes.

Pero esa “alegría” tenía que ser pasajera así que, también había que hacer algo para ponerle remedio. Como te contaba, abdomen y suelo pélvico van de la mano y si para “calmar” mi abdomen, paraba la actividad y respiraba hasta que se relajaba, con mi suelo pélvico, hice algo parecido.

A veces bastaba con andar más despacio y dar los pasos más cortos para frenar el dolor creciente cuando aparecía. Después, me imaginaba mi suelo pélvico y visualizaba lo que estaba pasando. Llevaba mi atención a los dos isquiones de los que antes te he hablado, así como a mi pubis y a mi coxis.

Estos nombres igual te suenan más: el pubis lo notarás delante, en tu vulva, como un hueso duro (aunque no es un hueso sólo, es la unión de los dos lados), y el coxis en el final finalísimo de nuestra columna.

Pélvis y musculatura del suelo pélvico

Dibujaba mentalmente un rombo con esos cuatro puntos, y pensaba: si me está doliendo, seguro que los músculos de mi suelo pélvico (que están dentro de ese rombo), se están contrayendo sin yo quererlo y están haciendo la figura más chiquitita.

Para solucionarlo, voy a poner la intención en relajar esos músculos imaginando que los cuatro puntos del rombo se separan, suavemente, sin forzarlo, y lo voy a hacer justo cuando suelte el aire por la boca, lentamente y relajada.

¡¡Mano de santo!! Se frenaba y empezaba a remitir. Cuando sentía que había pasado, reanudaba mi marcha, con más tranquilidad y contenta por haber controlado otra molestia más de las tantas que me surgirán en el embarazo, comunes o “normales”, como nos dirán muchas veces los médicos, pero molestas al fin y al cabo.

Me considero afortunada por saber manejar mi cuerpo en este sentido, porque mi trabajo me ofrece la posibilidad de conocer la anatomía y de mejorar mi capacidad de sentirla (también es que yo soy un poco “friki” con toda técnica que tenga que ver con el control del cuerpo). Y lo comparto abiertamente en este blog, porque estoy convencida de que más de una chica habrá experimentado o lo estará haciendo ahora mismo, sensaciones similares, sin saber qué hacer, cómo mejorarlo o incluso si es momento de tomarse un paracetamol.

Del suelo pélvico se habla mucho, pero casi siempre como músculos que hay que fortalecer. Y, efectivamente, hay muchas mujeres con esa musculatura debilitada.

Pero también hay músculos muy fuertes, sobre todo en mujeres deportistas, que necesitan quizá otra atención.

Seguro que en tu cabeza ha aparecido la duda:

¿Y cómo se yo cómo están los músculos de mi suelo pélvico?

Siempre puedes acudir a un fisioterapeuta especializado para que te haga una valoración y te asesore. Pero si no, en líneas generales, ten clara una cosa a la hora de trabajar tu suelo pélvico: que tan importante es que sientas cómo se contrae, como que sientas cómo se relaja.

Durante todo este camino hablaremos mucho del suelo pélvico en el embarazo, y compartiré más detalladamente todos estos ejercicios en próximas publicaciones.

Mientras tanto, te animo a empezar a explorar sensaciones y que te inicies en tu autoconocimiento. A mi me parece tan interesante… ¡¡Y tan útil!!

Tanto como para hacer que todo se fuese pasando como molestias fugaces hasta que, pasado mi primer trimestre aproximadamente, de todas aquellas tensiones y pinchazos… ¡¡Nunca más se supo!!!

Vamos a por las siguientes sensaciones… ¡¡Deseando estoy descubrirlas!! ¡¡Y contártelas!!

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ana

    Gracias por estos consejitos para localizar y relajar el suelo pélvico.

    1. Espero que te sirva a lo largo de todo tu embarazo, que de verdad es tan importante..😃

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