La postura engaña. ¡Y en el embarazo más!

Cuántas veces he oído decir: «tengo que hacer abdominales porque me está saliendo una tripa…»

Si te sientes identificada con estas palabras, tengo una buena noticia para ti:

En muchas ocasiones, esa “tripa” es postural. Es decir, la postura que adopta nuestro cuerpo hace que tengamos más barriga de la que realmente tenemos.

Pues bien, yo he “engañado” a muchos gracias a la postura con mi embarazo. En mi segundo trimestre la tripita iba asomando, pero no tanto como yo esperaba o, mejor dicho, como los demás esperaban.

En realidad, es fácil que en una mujer primeriza el embarazo no sea evidente hasta el quinto mes, donde ya está claro que no es que te hayas pasado con las pizzas últimamente, sino que tu cuerpo está experimentando un gran cambio prenatal.

Teniendo en cuenta esto, no era nada raro que pasase totalmente desapercibido mi embarazo al principio.

Pero es que, además, sumado a este desarrollo normal propio de las primerizas, le podíamos sumar el trabajo postural.

Repito tantas veces las recomendaciones y correcciones de postura a mis chicas embarazadas, que lo tengo integradísimo y no me costó demasiado ponerlo en práctica.

Cuando la gente me veía, alucinaba con la poca tripa que tenía. Y es que, estando de 4 y 5 meses, apenas se me notaba.

Sin embargo, si relajaba mi cuerpo y adoptaba la postura a la que tiende el desarrollo gestacional normalmente, parecía que estaba de dos meses más.

Mi gente se sorprendía muchísimo con lo que podía llegar a cambiar mi cuerpo con sólo con solo un gesto.

Y es que, cuidar la postura durante el embarazo es fundamental para prevenir dolores de espalda, ciáticas, presión excesiva en pelvis, vejiga, abdomen, etc…

¿Te cuento cómo sentí este cambio postural y cómo lo corregía?

Enseguida me di cuenta de cómo el cuerpo busca su adaptación al cambio, y si no estaba atenta, me “descolocaba” como no debía.

Ante el crecimiento del útero, el abdomen se adelanta, obvio. Ese volumen que crece hacia delante también lleva nuestra columna lumbar (la espalda baja) en la misma dirección, un pequeño o gran desplazamiento del que no somos conscientes.

Como nuestro cuerpo es muy inteligente, desarrolla estrategias de equilibrio para no caernos, porque si nos dejásemos ir sin fin hacia delante, imagina dónde acabaríamos.

¿Cómo nos las ingeniamos?

Pues bien, el cerebro piensa: si la espalda baja se va hacia delante, vamos a contrarrestarlo llevando hacia detrás la espalda alta, así de sencillo.

Cuando hacemos esto, el tórax se queda más retrasado y el pecho cae ligeramente sobre nuestro abdomen.

Para que te hagas una idea, es como si tu ombligo y tu pelvis fuesen muy por delante del resto de tu cuerpo.

Ahora, estés embarazada o no, seguro que sí te sientes muy identificad@, porque en realidad es una postura muy recurrente en muchas personas.

Es así porque, de manera engañosa, nos hace estar cómodos, especialmente cuando estamos parados. Y digo engañosa, porque momentáneamente puede ser cómodo, pero a la larga está perjudicando nuestros músculos y articulaciones.

Es fácil de entender: según lo que te he explicado, seguro que te has imaginado un cuerpo muy “ondulante”, con unas partes para un lado y otras para otro. Pues si fuésemos un edificio, por ejemplo, no tendríamos estabilidad ninguna, y acabaríamos derrumbándonos.

Para alcanzar una posición estable y así hacer que las fuerzas sobre nuestras rodillas, tobillos, caderas, suelo pélvico, etc… sean adecuadas, deberíamos tener una postura más alineada.

Te voy a proponer un ejercicio para que lo entiendas mejor aún:

Lo puedes leer y después hacerlo, para concentrarte en las sensaciones.

O también puedes hacerlo escuchando en formato audio pinchando aquí. (Contenido exclusivo susciptoras. ¿Aún no lo eres? ¡Es gratis!)

  • Colócate de perfil a un espejo de cuerpo entero y cierra los ojos. Cuidado, que no vale hacer trampa y mirarse de reojillo.
  • Ahora intenta visualizar tu cuerpo como si lo estuvieses observando desde fuera, y crea una imagen en tu cerebro de cómo sería tu postura.

  • Puedes imaginar cómo se estaría reflejando tu cuerpo en el espejo, es decir, cómo sería tu imagen vista de lado.

  • Primero visualiza dónde están tus pies. Después, imagina dónde está tu pelvis, visualizando tanto tu pubis como tu sacro o el comienzo de tus nalgas. A continuación, siente tu esternón y tu espalda alta. Por último, dónde está tu frente y tu nuca, es decir, tu cabeza.

  • Sigue con los ojos cerrados, e intenta trazar una línea que pase por todas las partes de tu cuerpo que has visualizado: pies, pelvis, tórax y cabeza. Incluso, si te resulta muy difícil sentir tu cuerpo, puedes ayudarte del tacto, y llevar la mano a cada zona para mandar el mensaje a tu cerebro de: “aquí está”.

  • Bien, cuando ya hayas terminado tu dibujo mental de cómo es tu vista de perfil, abre los ojos y muy lentamente, intentando no variar nada, gira la mirada hacia el espejo y comprueba si lo que encuentras es lo mismo que imaginabas.

  • A lo mejor te sorprende que es muy diferente, y es que no es nada fácil acertar con nuestras sensaciones en el espacio, es decir, sin tener ninguna referencia (un apoyo en la pared, en el suelo…). A este sentir del cuerpo lo llamamos propiocepción, y es una cualidad que podemos entrenar.

Cada uno de nosotros tiene su propia postura, pero vamos a intentar corregirnos a lo más cerca de la posición ideal.

  • Mientras estás aún mirándote en el espejo, modifica esa línea de puntos para que esté vertical, alineada, perpendicular al suelo.

  • Intenta que tu cabeza esté encima de tus hombros. Los hombros encima de las caderas y las caderas encima de tus tobillos. Manten los dedos de los pies bien apoyados.

Si lo has conseguido, seguro que te sientes hasta más alt@.

Si además estás embarazada, te propongo seguir con este juego corporal:

  • Observa tu abdomen, y vuelve a relajar tu postura a la tuya particular del inicio. ¿Qué hace el abdomen? Seguramente notes que se ha relajado y se ha abombado más. Incluso puede que lo notes más bajo, más caído.

  • Imagina cómo está tu bebé dentro del útero en tu abdomen y vuelve a la posición alineada y erguida. ¿No te da la sensación de que llevas al bebé más sujeto? Como si lo llevases más pegadito a tu columna… Como si lo estuvieses sosteniendo o abrazando por debajo? Esto es porque tu transverso del abdomen se ha activado solito. ¡¡Enhorabuena!

  • Ahora lleva la atención a tu zona lumbar o espalda baja, y vuelve a relajar la postura. Seguramente el abdomen vuelve a relajarse, la pelvis a adelantarse, y los hombros a caerse hacia detrás y abajo. ¿Cómo sientes tu zona lumbar? ¿Sientes más presión? Esto es así porque dejamos que el peso de nuestro cuerpo se apoye en esa zona, aumentando la compresión a ese nivel y favoreciendo la aparición de dolores lumbares y ciáticos.

  • Corrige de nuevo la postura y siente si ahora tu espalda está más aliviada.

  • Por último, manteniendo tu postura corregida, vuelve a mirar al frente y cierra los ojos. Intenta crear otra nueva imagen en tu cerebro, ahora la buena, la que sabes que es mejor para ti y tu bebé, y quédate ahí unos segundos para que se grabe en tu memoria.

Ya has conocido un poquito más sobre tu cuerpo, tu postura y qué podemos hacer para corregirla. A partir de ahora intenta, a lo largo del día, recurrir a esta nueva imagen que ya tienes archivada en tu cerebro y adoptar la postura corregida.

No te agobies pensando que ya siempre vas a tener que estar recta como un palo y no lo vas a aguantar.

Con calma… pasar de cero a cien es imposible. Es suficiente con que lo hagas a ratitos, de vez en cuando. De este modo, le vas dando una alternativa más saludable a tu cuerpo, ése que pensaba que estar “hecha un ocho” estaba bien. Poco a poco, te va a ir saliendo solo.

Si lo tienes en cuenta durante todo tu embarazo, es fácil que te libres de llevar una faja para sostener la tripa, porque tu musculatura no habrá perdido su función (hay casos en los que sí es necesario, pero eso te lo cuento en otro post). Además, te ayudará a prevenir muchos dolores típicos del embarazo, incluso la famosa incontinencia urinaria, por disminuir también la presión del útero sobre la vejiga.

Haz la prueba, “juega” con tu cuerpo, aprende, y cuéntame si a ti también te la sensación de que cuando estás en la buena postura parece que estás de uno ó dos meses menos… jjajajajaja.

A mi, aunque cada vez me cuesta un poquito más, me ha funcionado hasta ahora y ¡¡estoy genial!

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