LAS PRIMERAS PATADITAS DE MI BEBÉ

LAS PRIMERAS PATADITAS DE MI BEBÉ

CONFIANZA E IMAGINACIÓN

El primer trimestre del embarazo es un ejercicio de confianza e imaginación increíble. Si encima no tienes los síntomas habituales de náuseas y malestar, ya ni te cuento. ¿En serio está creciendo un bebé dentro de mi? Bueno, embrión, llamémoslo por su nombre…jaja…

Me he visto a mi misma dudosa de cómo llamar a mi bichito en cada momento: ¿embrión, feto, bebé?

Casi siempre elegimos bebé porque es más dulce, ¿verdad? Feto suena un poco regular. ¡¡¡Pues no se por qué!!! Un maravilloso feto que está madurando para convertirse en bebé…ayyyy… si es precioso!!

En fin, que me desvío….

En condiciones normales, la primera ecografía la realizan en la semana 12. En la 8 con un poco de suerte. Pero en mi caso, al ser por inseminación artificial, es un poco diferente. Para validar el resultado del test, en la semana 7 ya me hicieron mi primera eco. En la 8 me la repitieron, y en la 12, una más.

Cada vez que iba a la prueba, llegaba mordiéndome las uñas, con las dudas de siempre: ¿seguirá ahí? (como si se pudiese disolver), y ¿seguirá vivo? Si yo no noto nada…

Unos días antes, además, focalizaba toda mi atención en intentar notar algo diferente en mi abdomen y el resultado era nulo: nada de nada.

La ecografía era el momento esperado para respirar tranquila, al menos hasta la siguiente eco. Entonces volvía a pasar lo mismo. Unos días antes empezaban las preocupaciones, las dudas, y la prisa.

Volvía la necesidad de ver otra vez esa pantalla en blanco y negro, con formas raras, y con ese sonido eventual de un corazón latir a toda velocidad.

La tranquilidad de la ecografía duraba unos días, pero poco después aparecían de nuevo los pensamientos adivinatorios.

Y es que, al principio, es muy difícil valorar por ti misma que todo va bien. Así que, te encomiendas a los dioses para que velen por tu pequeño, no hay otra.

Todo el mundo me decía lo que una ya sabe, pero que está muy bien que te recuerden. Seguro que os suena a más de una:
“no te preocupes, que esto se pasa en cuanto empiezas a sentirlo. Ahí ya tienes menos dudas…como estás notando su movimiento cada día…”

Cuánta espera. ¡¡Ojo lo que hay que cultivar la paciencia en el embarazo!!

Seguro que hay una explicación científica para relacionar la espera y cómo afrontar los miedos y las preocupaciones de la gestación, con la preparación a la llegada del bebé, donde estas emociones serán un continuo.

CUÁNDO SE EMPIEZAN A NOTAR LAS PATADITAS

Yo ya sabía por las chicas embarazadas de mis clases que hasta el cuarto o quinto mes no se notaban los movimientos fetales.

Especialmente en madres primerizas, las deseadas pataditas llegan un poco más tarde, incluso hasta la semana 20 por regla general.

Yo estaba tranquila por eso.

En la semana 16 me preguntó mi ginecóloga si ya lo notaba. Le contesté que no.

Me dijo que era normal, que ya llegaría, y yo le dije que ya lo sabía, que no pasaba nada. Pero en el fondo estaba que me moría de ganas ya por sentirlo.

Además, si te soy sincera, yo tenía la esperanza de ser una adelantada en esto. Al fin y al cabo, como fisioterapeuta flipada del manejo de nuestra anatomía, estoy muy acostumbrada a escuchar mi cuerpo, y soy muy intuitiva en todas las señales que me da en muchas ocasiones.

Es más, al ponerme la mano en mi pancita, me notaba el útero muy superficial por la poca grasita que tengo en el abdomen (ya se ha encargado esa grasa solita de distribuirse en otros lugares de mi cuerpo).

El caso es que por más intención que le ponía, yo no notaba nada. Alguna burbujita de aire, algún movimiento intestinal… muchos mosqueos pero nada evidente.

Semana 16, semana 17, semana 18 …ayyy…que me acerco a la 20.

Y si mi peque se mueve poco… ¿Estará bien? Comienzan las dudas de nuevo.

A partir de ahí cada día le pedía a mi bichito, con mucho cariño, que se hiciese notar, que me “dijese” algo… mi paciencia se tambaleaba.

Y ¡llegó la semana 19!

Pasado el confinamiento y con pequeñas libertades concedidas, decidí irme con una amiga a disfrutar de la playa unos días. Un plan furgonetero, que me encanta, donde vamos con la casa a cuestas y, aparte de resultarme superdivertido, evito establecer mucho contacto exterior y el riesgo de contagio Covid.

Fue un camino largo, muchas horas de viaje conduciendo. Desde que estaba embarazada, no había vuelto a pasar tantas horas al volante y, aunque no tenía molestias por el cinturón de seguridad ni nada, llegó un momento en que se empezó a hacer pesado. Pero en vez de parar, porque no encontraba el lugar adecuado, seguía la marcha.

Venga, un poquito más y luego paramos y hacemos relevo.
Bueno, si total para lo que queda, ya sigo yo un poco más.

En fin. Que llegué a las playas de Cádiz después de muchas horas de viaje, muertecita, molesta, revuelta, con el abdomen tenso y con necesidad de ponerme en una posición más horizontal de descanso.

Ir con la furgo es una bendición, por lo que aparcamos junto a la playa, abrí las claraboyas y ventanas y me tumbé en la cama que lleva instalada detrás.

Cerré los ojos, respiré el olor del mar, me puse la mano en mi tripita y… ¡¡¡ay!!! Una vez… ¡¡ay!! ¡¡dos veces!! Avisé a mi amiga…

“¡Creo que noto cómo se mueve!”

Y una vez más… ¡pum! en mi mano…

A la tercera me lo creí, a la tercera patadita lo sentí evidente, a la tercera ilusión rompí a llorar.

Consciencia total de llevar una vida dentro.

Felicidad inmensa por sentir a tu hijo vivo.

Alegría extrema y diversión por el “juego” de mi pequeño en su propia piscinita uterina.

Amor… mucho amor…

Creo que podría seguir escribiendo palabras y nunca llegaría a describir bien lo que sentí en ese momento, pero me sentía taaaan plena.

Bromeé con la idea de que a mi hijo le gustaba la playa y por eso había esperado llegar allí para demostrarme su alegría.

Durante todo el fin de semana compartió conmigo muchos bailes, y convirtió esa escapada en un viaje que nunca olvidaría.

Desde entonces, hasta hoy, no ha parado, y cada vez que lo noto, ¡me encanta! Incluso cuando a veces molesta un poco, porque la pared interna abdominal es muy sensible y a veces te pilla desprevenida el toquecito.

No importa…

Cada día, cada movimiento…es un regalo de la vida.

Me apetecía compartir contigo cómo fue sentir esas primeras pataditas, porque lo viví como algo muy especial, un momento muy señalado dentro de mi embarazo.

Seguro que hay muchas historias parecidas o diferentes de muchas de vosotras, y me encantaría conocer cómo lo viviste tú, ¡¡que seguro que fue genial!

Soy todo oídos…(y ojos) jeje

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Cova

    Es la mejor sensación del mundo, lo que te hace ser consciente de que estás creando vida, de que está ahí y es real. Es una PA-SA-DA!!!

  2. Ana

    En este post me he sentido más identificada que nunca contigo, Estela. La incertidumbre de saber si nuestro bebé seguirá vivo ahí dentro pasa a ser certeza absoluta con esas pataditas que vienen y van, con más o menos intensidad. Una sensación alucinante!

Deja un comentario