NÁUSEAS Y MAREOS EN EL EMBARAZO…¡¡SUPERADO!!

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La noticia de tu embarazo viene de la mano de ciertos síntomas que hacen muy poca gracia, la verdad: las temidas náuseas y los mareos.

Me considero afortunada porque mi aparato digestivo ha aguantado como un campeón todo el primer trimestre, que es el más problemático, y eso que no daba dos duros por él…jajaj. Ya te conté que siempre había tenido digestiones muy difíciles, por lo que pensaba que ante una situación excepcional como el embarazo, mucho mejor no podría ir la cosa.

Cuál fue mi sorpresa que no sentí ningún cambio en este sentido. Comía lo de siempre y nada me sentaba mal nunca.

Quizá, eso sí, me saciaba más fácilmente. La señal de “estás llena” llegaba antes a mi cerebro, por lo que era mejor hacer varias comidas más ligeras a lo largo del día que disfrutar de un buen plato bien lleno como hacía antes (soy muy comilona, lo reconozco).

No todas las chicas tienen estas sensaciones características desagradables, pero en realidad es habitual y tiene su lógica.

Náuseas ¿Por qué ocurren?

El aumento de la progesterona, una hormona característica de la evolución del embarazo, disminuye el tono de la musculatura lisa de las estructuras del aparato digestivo (esófago, hiato esofágico, intestinos..) y esto hace más probable el reflujo gástrico o la digestión entorpecida.

Los fuertes cambios hormonales además conllevan mayor sensibilidad a los olores y sabores, y aparecen los “ascos”, que pueden derivar en náuseas. Algunas mujeres las notan especialmente por las mañanas, y esto es debido al ayuno nocturno, que produce una bajada de glucosa y también desencadena las náuseas.

Existen algunos medicamentos para aliviar las náuseas, pero tampoco está muy demostrada su eficacia y además son carísimos.

Una posible solución es tener a mano algo que puedas comer antes de levantarte. Muchas chicas me han comentado que notaron mucho alivio con las galletitas saladas. También con manzana y sobre todo con infusiones de jengibre (natural rallado y no más de 1 gr. al día).

En mi caso, tan sólo noté en una ocasión algo similar.

Estaba en mi semana 12, semana a partir de la cuál esos primeros síntomas del embarazo empiezan a remitir, y entonces sentí cierto malestar digestivo.

No eran ganas de vomitar, sino un revoltijo en el cuerpo que me pedía estarme quietecita en casa.

Pensé: qué raro … el incremento hormonal potente ha empezado a equilibrarse, y ahora, después de tres meses sin síntomas, esto no tiene mucho sentido.

Lo que me ayudó a aliviar las náuseas: la respiración esternal baja.

Había un ejercicio que me hacía mejorar esa sensación: una respiración esternal baja.
Lo que intentaba era desbloquear esa zona de paso de los alimentos: la famosa boca del estómago.

A veces, si hay mucha tensión ahí y está muy presionada la zona (porque tenemos la caja torácica muy baja, por ejemplo, o unas costillas muy cerradas), el funcionamiento es aún más lento y difícil. Así que me proponía respirar ahí.

Haz la prueba, tal y como yo hacía, mientras lees este post:

Coloca la yema de tus dedos en el centro de tu pecho, y desciende hasta notar cómo el hueso de tu esternón acaba en punta para dejar paso al comienzo de tu abdomen.

Quédate a esa altura, con las manos a cada lado de tu caja torácica, por debajo de las mamas, y con los dedos apoyados en el centro. Lleva aire a esa zona como si fuese un globo que se infla. Al llenarlo del todo, notarás que, después de elevar la punta del esternón al frente, si tu inspiración es larga, el aire se repartirá alrededor de tus costillas, separándolas y a subiéndolas, incluso por detrás, separándose del abdomen.

Hazlo sentada cómodamente, con la espalda ligeramente erguida (puedes apoyarte en una pared si lo necesitas), o tumbada con el tronco inclinado, es decir, evitando la posición totalmente horizontal.

Concéntrate en tu respiración durante unos minutos y verás que con cada respiración vas sintiéndote un poco más aliviada.

Si no estás embarazada también puedes hacer esta práctica y puedes tumbarte del todo, sintiendo tu columna alargada apoyada en el suelo de forma relajada.


Estuve dos días y medio con la extrañeza de la aparición de este nuevo síntoma, planteándome cuánto duraría (una de cada cuatro chicas aproximadamente sufren las náuseas y los reflujos casi hasta el final, qué faena) hasta que caí.

Dos días y medio… justo los que llevaba tomando el nuevo suplemento vitamínico que me había recomendado mi matrona.

Debía seguir con ello todo el embarazo para asegurarme no tener ninguna carencia que afectase al desarrollo de mi pequeño, ni a mi misma con el desgaste energético tan brutal que experimenta el cuerpo con una vida creciendo dentro.

Así que… ¿qué hacer?

Pues tomarlo antes de dormir, y así su efecto no lo notaría las horas que estuviera despierta.

¡¡Voilá!!

Parece una recomendación obvia, absurda y simple, pero ojo lo que me alivió.

Solucionado el problema. ¡Ni un malestar más! Reconozco que me gustó experimentarlo durante esos dos días para poder descubrir estrategias de alivio, y así ayudar a las demás mamis a solucionarlo.

Los mareos

En realidad el único síntoma que pude decir que sentí como propio del embarazo, eran pequeños mareos que venían si estaba mucho tiempo quieta en posición de pie.

El volumen sanguíneo de la mujer embarazada aumenta en promedio un 40%, y para poder movilizarlo por nuestros vasos, la progesterona hace que éstos se dilaten más.

Es frecuente experimentar bajadas de tensión si dejamos de movilizar la sangre con el movimiento del cuerpo y más aún si permanecemos en posición de pie paradas durante mucho tiempo, donde el retorno venoso se ve más dificultado.

¿Cómo aliviarlo?

Si es tu caso, mi consejo es el siguiente: no esperes a ver si el mareo se pasa. Nada de eso, te aseguro que no se va a pasar hasta que no hagas algo al respecto.

Algo como moverte, para que los músculos empiecen a bombear la sangre de nuevo, beber agua para mejorar el flujo sanguíneo o comer algo que te suba un pelín la tensión, especialmente algo dulce por si está relacionado con una bajada de gucosa.

Si estás charlando con alguien en la calle, por ejemplo, y a los poco minutos, notas que empiezas a marearte un pelín…. no pienses «voy a aguantar sin que se me note, que seguro que se pasa«.

Es mejor cortar la conversación para decir abiertamente que necesitas cambiar de posición o caminar. Ya verás cómo enseguida todo vuelve a la normalidad sin haber tocado fondo.

De todos modos, si te pasase muy a menudo y no encuentras fácil la solución para aliviarlos, es conveniente que se lo comentes a tu matrona y/o médico cuando vayas a consulta.

Ánimo si sufres mareos y náuseas. ¡Mantente activa!

Si tú perteneces a ese alto porcentaje (más de la mitad) de mujeres embarazadas que experimenta los primeros síntomas de náuseas, vómitos, mareos, malestar, etc… de manera más acusada, te deseo mucho ánimo y recuerda que mantenerte activa de manera controlada hará que la función de tus sistemas respiratorio, digestivo y cardíaco mejoren, y en consecuencia, puede ayudarte a acompañar esta etapa de la mejor manera posible.

Me encanta compartir contigo mis sensaciones esperando que, de alguna manera, te ayuden en tus experiencias. Compartiendo nos ayudamos. Por eso, te animo a que me cuentes cómo lo estás viviendo tú, o cómo lo viviste en tus embarazos anteriores, porque seguro que con vuestros comentarios, ¡nos enriquecemos todas!

¡Gracias por estar ahí!!

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ana

    Gracias por el consejo para prevenir la sensación de mareo, que a mi me acompaña desde el principio del embarazo.

    1. Estela López

      Oohhh….mucho ánimo Ana! Ojalá prontito empiecen a remitir esas sensaciones

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