DOLOR LUMBAR EN EL EMBARAZO. ¡VIVA LA RELAXINA!

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El dolor lumbar en el embarazo, es algo bastante común.

Seguro que te resulta familiar la imagen de una chica caminando con su barrigota de embarazo avanzado con las dos manos en la zona lumbar, con el cuerpo un poco echado hacia detrás para mantener el equilibrio. Andando con las piernas hacia afuera, con un balanceo de lado a lado en vez de llevar las piernas al frente.

Y es que todos hemos visto mujeres así en alguna ocasión, no por azar, sino porque el cuerpo busca estas estrategias para adaptarse al cambio del cuerpo gestante.


Sin embargo, como ya te expliqué en algún post, no debemos abandonarnos a esta suerte y permitir que el confort se apodere de nosotras, porque esta postura que te describo conlleva sí o sí más dolor lumbar en el embarazo.

Dolor lumbar en el embarazo. Mi experiencia


Te voy a contar lo que me pasó a mi que, como bicho raro que soy a veces (pero no me importa..jajjaj) me pasó todo lo contrario de lo esperado. Pero todo tiene su explicación.

Hacía más de dos años que venía sintiendo un dolor lumbar muy concreto del que no conseguía deshacerme. Era un dolor punzante a nivel de la sacroilíaca derecha (ahora te cuento qué es esta palabreja), que en ocasiones se extendía al glúteo y al muslo.

A mi me suele doler muy poco la espalda. El deporte y la actividad diaria contribuyen a que los músculos estén fuertes y elásticos, y no me suelo resentir más allá de un par de días de una molestia en alguna ocasión.

Pero este dolor apareció un día y no se marchó.

Por más sesiones de fisioterapia que me daba, por más estiramientos que hacía, etc… siempre estaba ahí. Tan solo se pasaba a veces cuando mi ciclo menstrual cambiaba y estaba ovulando o menstruando.

Es por eso que saqué la conclusión de que la causa de este dolor debería ser interna, algo relacionado con mi útero. Y tú dirás, ¿el útero puede dar dolor de espalda? ¡¡Pues sí!!

Dolor lumbar en el embarazo. Qué tiene que ver el útero en todo esto.

El útero se mantiene en su lugar dentro de la pelvis gracias a una serie de ligamentos que lo unen a diferentes lugares, como pueden ser otras vísceras, o a huesos.
Entre estos huesos están los de la pelvis, y ésta está unida a la espalda por un montón de músculos. Además, el hueso sacro es el final de la columna vertebral, y a este precisamente llegan esos ligamentos uterinos de los que te hablo. El caso es que si el útero se “tuerce” un poquito de su posición habitual, empieza a tirar de los ligamentos, éstos de los huesos, y los músculos empiezan a dar la señal de molestia o dolor. Pues algo así debería estar pasando dentro de mi, y no lograba dar con la tecla para que desapareciese ese dolor.

El caso es que si había algún dolor que temiese padecer durante mi embarazo, aparte del ombligo, como ya te comenté en otro post anterior, era ése: el famoso dolor lumbar.

Pues bien… Lejos de esto, sucedió todo lo contrario. ¡¡¡Desapareció por completo!!! No solo mi útero estaba cambiando y, en consecuencia, todo podía mejorar. Sino que además, mis tejidos se encontraban bajo los efectos de la relaxina.


La relaxina

Aayyy…bendita relaxina!!! Esa maravillosa hormona que aparece en el embarazo para convertirnos en mujeres blanditas..jajaj.

Sí, sí, gracias a esta hormona, la piel de nuestro abdomen puede estirarse, los ligamentos se ablandan y todas las estructuras blandas permiten el ensanchamiento natural del cuerpo de la mujer gestante.

El caso es que gracias a este efecto, y puede que también a los ejercicios de movilidad pélvica que hacía, ese dolor desapareció por fin después de dos años… hasta hoy.

¿Que qué ejercicios hacía? ¡¡¡Te lo cuento!!!


Antes de he dicho una palabreja que quizá no habías oído nunca. Es la articulación sacroilíaca.

Esta articulación une el sacro a los iliacos de cada lado (todos ellos son huesos pélvicos), es decir, tenemos dos sacroilíacas derecha e izquierda. Esa unión de los huesos de la pelvis ofrece consistencia y estabilidad a la pelvis en su unión a la columna vertebral, pero también ofrece movilidad.

Y es que los huesos de la pelvis se mueven entre sí. Aunque te parezca raro porque la pelvis es una estructura muy fuerte, se mueve. Cierto es que no son grandes movimientos, pero cuando nos embarazamos, estos movimientos aumentan su amplitud, una vez más, gracias al efecto de la relaxina.

Por estas dos propiedades que te cuento, es importante que la articulación no esté bailonguera sin sujeción ninguna, lo que daría mucha inestabilidad a la pelvis (esto lo solucionamos con una musculatura sana que la “sujete”), pero también es importante que se mueva. Y aquí me detengo.

Se ha comprobado que gran parte de los casos de dolor lumbar en el embarazo están relacionados con una pérdida de la movilidad de las articulaciones sacroilíacas. Cuando se bloquean, a veces las dos, a veces sólo una, comienza la rigidez, el dolor, y la dificultad para caminar. Icluso a veces, dolores irradiados como el dolor ciático. Por eso es tan importante conservar la movilidad de las articulaciones pélvicas.

Ejercicio para prevenir y aliviar el dolor lumbar en el embarazo

Te propongo que sientas cómo se mueven los huesos de la pelvis con una práctica muy sencilla, sentadita, mientras lees esto:

  • Colócate en una silla, con los pies planos apoyados en el suelo por completo.
  • Coloca tus manos debajo de tus nalgas y siente los dos huesos que tenemos en cada lado. Son unos huesos robustos y redondos llamados isquiones. Deja tus manos ahí. Vas a sentir cómo se mueven.
  • Primero inclina ligeramente tu tronco hacia delante y siente cómo esos huesos se van hacia detrás.
  • Ahora inclínate hacia detrás y los isquiones se irán hacia delante.
  • A continuación, intenta moverlos hacia delante y detrás desde la pelvis, no desde el tronco. Para eso, siente cómo resbalan sobre tus manos. El movimiento que estás haciendo es el de la pelvis en su conjunto, hacia una posición más adelantada (anteversión) y otra más retrasada (retroversión)
  • Para sentir que mueves un lado con respecto al otro, intenta llevar un isquión hacia delante. Verás que el otro se va hacia detrás; puedes hacerlo también guiándote por el movimiento de tus rodillas, que se adelantan acompañando al isquion de su mismo lado.
  • Por último, quiero que tengas una imagen más clara de cómo es tu pelvis tridimensionalmente. Para ello, abraza tu pelvis por arriba, con las manos abiertas “en jarra”, de manera que puedas sentir con tus dedos índices unos huesitos delante muy marcados, y con tus pulgares otros detrás no tan marcados.
  • Repite los mismos movimientos de antes y relaciona qué pasaba con los isquiones con lo que estás sintiendo ahora. De este modo puedes hacerte una idea del movimiento total de la pelvis y de cómo se mueven los ilíacos, que son los huesos de los lados que has palpado, respecto al sacro, que es el hueso central que está en medio.


    Hay muchos ejercicios para mejorar la movilidad de la pelvis. Y si esta movilidad es libre, es fácil que alivies o incluso te liberes de ese dolor lumbar tan molesto que puede aparecer durante el embarazo.
    Esto es sólo el principio, y lo fundamental para empezar a conocer esta parte de nuestro cuerpo tan vital. Tan vital que es la encargada de proteger y abrazar nuestro útero y a nuestro bebé mientras están creciendo.

Espero que hayas hecho la práctica y te haya gustado conocerte un poquito más.
Si te aptece dejar un comentario contando cómo lo sentiste…¡¡adelante!! ¡¡Soy todo oídos ojos!!

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